31 de mayo de 2010

Delirios de una dramaturga.

Nueva borrachera en una vieja madrugada, se empapa de soledad porque ya no tiene nada. No hay un jodido abrigo que le arrope en esta noche. Lo que un día creyó que amaba resultó ser un fantoche. El aire se le escapa por los poros de su piel, siente odio hacia su vida por haberle sido fiel. Mil y una veces ha tropezado y caído, y cada una de esas noches con el drama dormido.
El paso del tiempo el alma le degrada, su felicidad marchita, de nuevo ha sido sesgada, por un coma etílico de litros de cerveza. Y entre alcohol y hombres le consume la tristeza. Se siente cual asco que se apaga lentamente, vuelve a ser una maldita niña sola ante infinita gente.
Pregunta porque llora si no quedan lágrimas, porque abre mil puertas si en ninguna haya salidas.
Está harta, ya no quiere seguir viva, está cansada que le escuche sólo el papel donde escribe. Sus manos rechazan el bolígrafo que antaño le ayudó a plasmar en folios sentimiento, amor y daño. La rima no fluye, ya no late el corazón, escodo penitente se encerró en su habitación. Un lastre sin luz, es el cuarto donde vuela, un lugar donde alcanza el cielo sintiendo a sus pies el suelo. Es su jaula de aislamiento, su carta de libertad. Se agazapa en su regazo para no ver la verdad.
No quiere volver a volver a ver el mundo, quiere dormir en su cama donde poco a poco hunde.
La poca esperanza que le queda en cloroformo, para soñar para siempre pues al soñar se transforma. Sueña que está viva, que el corazón late fuerte, sueña que el cielo la salva y logra cambiar su suerte. Vuelve a despertar y se ahoga de nuevo en llantos. El oxígeno rechaza darle vida a su organismo, sólo le queda firmar su muerte escrita en liricismos.
Delirios de una dramaturga es lo que se plasma en esta hoja, se ha cansado de caminar siempre por la cuerda floja. Ha llegado el día de poder soñar despierta, de mirar a los ojos de un triste futuro incierto.
Toma su decisión, ya nada puede salvarla, no hay fuerza en este planeta que ahora pueda pararla. Sube a lo más alto de los montes del infierno, su corazón le oprime dándole un abrazo tierno. Sabe lo que les depara para parar esa mierda, hace un par de meses la parca se hizo su sierva.
Toma posición en el filo del abismo, incluso a perdido la maldita fe en si misma. Da un paso al frente, deja la gravedad al resto; vuela de verdad, la única vez que no va puesta. La velocidad provoca muecas en su cara, ha rechazado su vida por ser demasiado cara. Ve como se acerca, el final se aproxima, la templanza le invade el cuerpo a la vez que acaba esa cima.
Se ha acabado por fin, por fin ha hecho contacto, la muerte se ha portado y ha cumplido con su pacto.
Sus últimos segundos de vida nos los regala, aire y sangre entremezclados ya es lo único que exhala.
Se apaga la luz de los ojos con los que mira y antes de partir regala su último suspiro.

2 comentarios:

P. dijo...

hostia tía, qué buena

Neófita dijo...

curioso como todos nos refugiamos en el alcohol cuando nos sentimos bajo suelo, no crees? la soledad es uno de los motivos por los que nos refugiamos en la bebida, pero yo creo que en cierto modo todo ser humano necesita soledad, dedicarse momentos a sí mismo.
me gusta tu blog, te sigo vale? un beso ;)