Mostrando entradas con la etiqueta Ashley.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ashley.. Mostrar todas las entradas

23 de mayo de 2010

Uuuuy, casi pero no. (Parte II)

Ashley
9:15h. Ash está sentada en la mesa de la cocina desayunando su té depurativo mientras lee las noticias del periódico. Su asesora personal está esperándola en el baño para peinarla.
9:20h. Sube al baño y se sienta en la silla. Estira la cabeza y cierra los ojos. Hoy es sábado, le toca asistir a un acto oficial de no-sabe-qué-mierda-aburrida.
9:30h. La estilista se va y deja a Ashley en el baño, se intenta levantar pero le da un leve mareo, así que se queda sentada con los ojos cerrados mientras respira hondo. No es nada, sólo es la tensión, piensa para autoconvencerse.
9:35h. Se levanta de la silla, se mira en el espejo y camina poco a poco hacia su habitación, sin prisa, para elegir los zapatos que va a ponerse en esta ocasión. Empieza a probarse tropecientos zapatos de diferentes colores y medidas.
9:45h. Elige unos rojos de tacón de aguja, pegan con el vestido blanco de cachemire que lleva puesto. ¿El cachemire daba alergia? porque le empezaba a picar todo el cuerpo. Se da los últimos retoques en el vestido, se lo estira y coge el pequeño bolso rojo que está encima de la cama.
9:50h. Baja al salón sin prisa, toda su familia ya está preparada. Su padre avisa al chofer para que les espera en la puerta, mientras su madre habla con sus tías y primas sobre lo que quiere ser Ashley de mayor. Bueno, ella quiere ser psicóloga, pero su familia le impone la medicina.
9:51h. Justo antes de salir por la puerta escucha una carcajada, sale y gira su cabeza levemente hacia la derecha. Allí ve a una chica. Esa es del Shank, pensó automáticamente. Y le dirige una mirada de suplica, de la cual acto seguido se arrepiente de haberlo hecho.
9:55h. Sube al coche, se queda mirando por la ventana y ve como la chica de antes le pasa una bolsita a uno de sus vecinos más ricos y se va riendo. ¿qué sería aquella? pensó Ash. Tan inocente como siempre.


7 de mayo de 2010

Entre madre e hija.

En realidad, pensándolo bien, en la familia de Ash no era todo tan perfecto como parecía desde fuera.
Aparte de su obsesión por ser imperfecta estaba su madre. Sí, aquella mujer ejemplar, que había luchando tantísimo para que a su hija no le faltara de nada y había tenido que sacrificar otras tantas cosas.
Marla, la madre que toda cría desearía tener, tenía unos pequeños problemas con el alcohol. ¿Quién lo diría? Ashley se dio cuenta hace muchísimo tiempo, cuando se percató de que las bebidas alcohólicas desaparecían demasiado rápido teniendo en cuenta de que a su padre no le gustaba beber y que en casa sólo eran cuatro, contando a la mujer de la limpieza.
-Mamá, tienes un problema...-Le dijo Ash cuando la vio escondiendo la botella de JB.
-¿Qué dices, cielo? -Respondió su madre nerviosa.
-No soy tonta, mamá, te acabas de beber casi una botella de whiski entera. Te apesta el aliento.
-Que esto quede entre madre e hija, por favor...
Ash no contestó. Se dirigió directamente al lavabo. Allí se convertía en imperfecta otra vez, aunque a espaldas de su familia. ¿Un método de evasión? Quizá.

Aunque había una cosa que sabía perfectamente; tenía una madre que no se merecía y ,hiciese lo que hiciese, vivía por ella.

30 de abril de 2010

Una no sabe lo que es, la otra lo conoce demasiado.

Ashley.
El sexo, para ella, era un tema tabú. Siempre había dicho que su primera vez sería con el chico del que estuviera enamorada.
La única ilusión que le quedaba era enamorarse. Quería enamorarse y saber que es lo que sentía, quería sentir esas mariposas que dicen que sientes cuando te enamoras.
Sí, era demasiado romática para vivir en el siglo XXI.
Cuando los chicos se le acercaban más de lo debido ella ponía alguna escusa barata y salía corriendo. En sus diecisiete años y medio de vida no había dado ni tan siquiera un simple beso y, la verdad, es que no le importaba demasiado.
Por las noches, soñaba con un amanecer sentada en la playa, al lado de un chico que le daba besos por lo frente y le decía que la quería más que a todo.

Ashley repelía el sexo, ella soñaba con hacer el amor.

Makia.
Con ella todo era diferente, demasiado diferente. Su primera vez fue a los dieciséis años, con un chico del cual no recuerda ni su nombre, él si sabía quién era ella. ¿Quién no iba a saber quién era Makia?
Ella no lo aceptaba, pero la gente solía decir que tenía amagos de putón y esque era una de esas niñas que te hacían tragar saliva mientras te la tirabas.
Ahora, a sus diecisiete años, había perdido hasta la cuenta de las veces que lo había hecho, unas veinte o treinta, solía decir cuando le preguntaban.
Sólo quería acción, iba de diva del sexo porque podía y lo sabía, aunque lo disimulaba bien, eso se llamaba humildad.
Y que a nadie se le ocurriese hablarle de amor o cursilerías de ese tipo, ella lo odiaba y era capaz de partirle la cara a la persona que le nombrara esa palabra.

Makia amaba el sexo sin compromiso, ¿qué le íbamos a hacer? era así.

22 de abril de 2010

Y a ésto podemos llamarle Louis Vuitton.

Ashley era una de esas personas que no podía salir a la calle, ni siquiera a pasear al perro, sin llevar algo de marca encima, por indiferente que fuese la prenda que llevase.
Absolutamente todo lo que llevaba era de marca. Su armario estaba repleto de ropa cara, seguía las tendencias y las modas más tontas del momento, pero era su obligación. Vivía en el Paradise.
Muchas veces cuando veía, a lo lejos, a gente del Shank le chirriaban los dientes y se le ponía el bello de punta.
No podía creerse que hubiera gente que imitaba de aquella manera tan hortera a los de su urbanización, no podía compararse, el estilo es lo que contaba y, por suerte o por desgracia, los del Shank no tenían estilo alguno.
Alguna que otra vez, había visto a una muchacha morena que destacaba entre todos por vestir como le daba realmente la gana y, sinceramente, Ash ya la odiaba sin conocerla.
Esa chica tenía personalidad y los del Shank no podían tener personalidad, ¿verdad?

Son personas con vidas paralelas que nunca llegarán a encontrarse.

17 de abril de 2010

Dedos, sinónimo de destrucción si no los usas bien.

Evasión, tranquilidad, paz.

Ashley creía tener porfin la solución a su problema. Menudo problema, ¿verdad? al de ser perfecta me refiero. Desde pequeña, todo el mundo le había aplaudido por las cosas que hacía, le habían puesto unas pautas a seguir, tenía que cumplir completamente todo.

Baño, vater, tapadera.

Dirigirse al baño, para ella, era como un ritual de calma, de serenidad. Sabía que cada vez que se dirigía allí, a las doce de la noche, no era para hacer algo perfecto, al revés, estaba haciendo algo imperfecto y, realmente, eso era lo que quería. No quería ser admirada, no quería que tantas responsabilidades cayeran sobre sus hombros. Quería por una vez saltarse su guión, dejar de ser lo que era para convertirse en una persona imperfecta.

Agachada, dedos, garganta.

Cuando porfin ya había llegado a la puerta, la abría, silenciosamente, para que sus perfectos padres no oyeran nada. Se quedaba mirando a la taza del vater como si, realmente, fuese su amiga. Se agachaba justo a su lado, la levantaba, metía dos de sus dedos hasta la campanilla, una y otra vez, hasta que porfin la comida salía por donde había entrado. Se quedaba un rato más en el baño, abrazando la taza y después se dirigía a su habitación, como si nada imperfecto hubiese hecho.

Evasión, tranquilidad, paz.

En realidad, Ashley no lo hacía porque tenía problemas con su físico o porque no se sentía orgullosa de si misma. Simplemente, lo hacía porque, así, sabía que poco a poco, cuando su cuerpo fuese cambiado y deformándose, la gente vería que no era la niña perfecta que todos pensaban.


Y de esa...extraña manera, quería arreglar su vida.

16 de abril de 2010

¿Perfecta o imperfecta? Ahora es ella quien lo decide.

Cuando Sasha estaba con Ashley a solas, se sentía más agusto, porque las dos eran parecidas.
Sasha se sentó encima de la cama, mientras Ash estaba tirada en ella leyendo una revista de moda.
-Sash, ¿qué pasa?
La chica negó con la cabeza, en señal de que todo estaba bien, pero Ashley le notaba un matiz de preocupación en su mirada, así que siguió para conseguir sacarle algo.
-Cuéntamelo, querida, sabes que puedes confiar en mí.
Sasha miró a su amiga, preocupada, y se aclaró la garganta. Eso era signo de que se había decidido a hablar.
-¿Te has dado cuenta de que medio Paradise te adora?
-Sash, si sólo vas a decirme eso será mejor que vuelvas a hacer lo de siempre.
-No, escúchame, por favor. Mira, todo el mundo te idolatra, Ash, de una forma directa o indirecta, pero lo hace. Las chicas de nuestra edad quieren ser como tú y, para las más pequeñas, eres como un modelo a seguir. Todas quieren ser Ashleys, ¿me entiendes?
-Per...perdón, pero me acabas de dejar con la boca abierta. En tu vida habías hablado tanto... Pero sí, claro que te entiendo. Sigue.
-A veces, por un día, me gustaría estar en tu piel, porque tiene que ser realmente fantástico que tanta gente quiera ser como tú. Y no soy yo la única que piensa esto, son decenas de chicas más. Muchas veces, antes de irme a dormir, me imagino la de cosas que me pasarían si fuese como tú y lo que disfrutaría con ello. Tu persona es como un mundo aparte, como lo mejor del Paradise, como la creme de la creme, ¿sabes? Y, o sea, tú siempre estás tan tranquila, con tu vida, como si nada de esto estuviera ocurriendo, como si fueras como los del Shank. Yo tendría un ego tremendo si fuese tú, pero te veo a ti y tu ego...no está. Se ha esfumado o algo, pero nunca está. Con todo ésto quiero decirte que recaen muchas responsabilidades sobre tus hombros y, quieras o no, tienes que vigilar cada paso que das como si fuera el último, porque ahí fuera, están esperando a dar el mismo paso que tú para ser un poco más parecidas a ti.

En la habitación se hizo un silencio bastante incómodo, pero ninguna de las dos lo rompió.
Aunque, en la cabeza de Ashley, no paraba de repetirse la misma frase una y otra vez; recaen muchas responsabilidades sobre tus hombros...
Eso ya lo sabía, claro que lo sabía, por eso estaba tan preocupada. Ya no quería ser perfecta, no quería que nadie la imitara. Quería ser imperfecta, en algo, por poco que fuese.

Y ya sabía en que iba a romper la regla de la perfección, lo sabía y lo iba a hacer.

Posh Party, pero de party tenía lo que Ash de morena.

Trajes elegantes, vestidos espectaculares, canapés, champán caro, bombones de selección... Todo lo que formaba parte de esa fiesta estaba regida por nuestra amiga perfección, todo era perfecto.
Chloe, Sasha y Ashley estaban acabando de hacerse los últimos arreglos en el pelo; un moño bien alto y recogido, soltando algunos mechones para darle efecto despreocupado.
-Querida, no podemos demorarnos mucho. Ya sabes, chicos buenos en el piso de abajo.- Dijo Chloe con una sonrisa picarona.
-Yo no pienso tontear con ninguno de esos chicos, Chloe, ya lo sabes. -Respondió Ashley resoplando.
-Jodida antigua, Ash. ¿Vas a ser así toda tu vida?
-No digas esas palabras, por favor... Y ¿así cómo?
-Así de perfecta. En esta casa todo es perfecto. A veces, un exceso de perfección no es nada bonito. La imperfección es la solución a muchos problemas, aunque no lo creas.- Soltó Chloe de carrerilla.
-No quiero ser imperfecta, Chlo, no hay problemas en mi vida así que no tengo porqué serlo.
-Bueno, está bien que seas la primera de clase, no digo que no, también está bien que hagas actividades extraescolares, no lo voy a negar. Pero venga, ¿Una personas sin hacer locuras es una persona? No, no lo es.
Ashley no dijo nada y se dirigieron a la puerta de entrada, dónde todos los invitados estaban sentados en las mesas del inmenso jardín.
Las tres amigas se sentaron juntas. Sasha nunca hablaba, no solía hablar, sólo cuando algo era realmente importante, parecía incómodo, pero ellas ya se habían acostumbrado.
La fiesta transcurrió normal hasta su fin. Familias ricas contándose chistes y, cuando habían bebido algo más, los chistes graciosas se convirtieron en chister verdes.
Ash se lo estaba pasando bien pero Chloe estaba realmente aburrida, ella quería acción, discotecas, bebidas baratas y cigarros. No era tan perfecta como Ashley y, a veces, le daba gracias a Dios por ello, aunque también le tenía envidia a su mejor amiga por tenerlo todo sin tener que hacer nada.

Pero, tal vez, Ashley estaba apunto de dar un cambio, ¿no?

15 de abril de 2010

Bienvenidos a Ashleylandia.

Siempre se levantaba una hora y media antes de empezar las clases, necesitaba cumplir su ritual matutino a rajatabla. Primero, un baño espumoso y luego, elegir la ropa diaria meticulosamente mientras la estilista de su madre le peinaba.
Cuando ya estaba lista se maquillaba ella sola. Un maquillaje natural, nada estrafalario ni fuera de los esquemas. Rimmel transparente para alargar las pestañas y brillo de labios para darle textura a su boca.
Se miraba en el espejo las veces que hiciera falta para ver que todo estaba en su sitio y entonces bajaba a la cocina a desayunar.
Con un té depurativo y unas galletas digestivas era con lo que aguantaba hasta la hora de comer, lo que necesitaba para mantenerse en su linea y para no "deformar" su precioso cuerpecito.
Era de estatura baja, 1'65 cm justos, rubia, piel blanquecina, ojos azules y, por supuesto, una cara de niña inocente a la que nadie se podía resistir.
Cogía su bolso, con los libros ya preparados, y se volvía a mirar en el espejo de la entrada, haciéndose muecas graciosas a ella misma y riéndose sola.
Entonces, cuando ya había cumplido todo eso, avisaba a su padre para decirle que ya estaba lista y el chofer la llevaba de camino al instituto de élite al que asistía, no sin antes pasar a recoger a Chloe y Sasha a sus casas, siempre iban juntas en la limusina.

Su vida y todo lo que formaba parte de ella, estaba regida por la más pura y completa perfección.

Dos vidas completamente diferentes.

Ashley estaba sentada en el alféizar de su ventana, mirando las estrellas, mientras su criada le acababa de pintar las uñas.
Clavó la vista a lo lejos, miraba fijamente a ese barrio que tanto odiaba, al menos eso creía ella. Frunció el ceño y pensó que si no fuese tan cobarde tal vez al día siguiente podría pasarse por allí, tan sólo por simple curiosidad, para ver que tal viven. Para ella eran dos mundos totalmente distintos, en uno tenían todo lo que querían y en otro tenían únicamente lo que necesitaban.
La criada, Antonella, ya había terminado y estaba recogiendo las cosas para salir.
-Boa noite.- Dijo con voz cortada, en portugués.
-Eh, adiós.- Respondió Ashley tajante. Era muy dulce con sus amigos y familiares, pero con los criados era realmante malvada.
Bajó al jardín para tomar un poco el aire, mientras los rulos le hacían las formas en su cabello rubio. Miró de nuevo hacia el horizonte, donde un centenar de casas bajas asomaban y las luces brillaban con menos intensidad que en su urbanización.
-Ash, cariño, entra ya en casa que es tarde.- Dijo su padre cortándole todo tipo de pensamientos que pasaban por la cabeza de la muchacha.
Ella tan sólo sonrió y se acercó a su padre, los dos entraron abrazados en casa. Como una gran familia feliz.


Makia estaba sentada en las escaleras de su casa, tenía las bolsas de mercancía en la mano, pensando a dónde las podría ir a vender. Había acabado de hacer los deberes y se estaba fumando un verde.
Ese era su ritual cada día; acabar los deberes, sentarse en las escaleras, pensar zonas para traficar, fumarse un verde mientras y pasar a la acción cuando la noche cayera al fin.
Se echó un vistazo por encima. Menuda ropa llevo hoy, pensó. Unos pantalones tejanos, rajados por todos lados, una camiseta de tirantes rosa, manchada de grasa porque estuvo ayudando a Karl con la moto, un pañuelo que envolvía su pelo moreno y los ojos pintados de negro a saco, sin piedad, que hacía destacar su iris verde esmeralda.
Clavó la vista al fondo del horizonte, donde unas luces brillaban intensamente, donde los niños ricos estarían tumbados en sus camas con sábanas de seda y...argh, le entraron arcadas nada más de pensarlo. Que vidas más fáciles tenían aquellos del otro lado, y lo jodida que era la suya.
Se pusó en pie y le dió la última calada al verde, lo tiró y lo pisó con una de sus converse desgastadas. Se alisó la ropa, como pudo, y se guardó la bolsa de drogas en el bolsillo trasero del pantalón.
-Jodida cría de mierda...Entra ya a casa si no quieres dormir hoy en la puta calle, coño.- Dijo su padre de mala manera mientras escupía en el suelo.
Makia puso los ojos en blanco y sin reparar en las miradas amenazadoras de su padre entró en casa.
-Gilipollas...- Susurró cuando pasó justo al lado del viejo alcohólico que tenía por padre.

Se llama Ashley y lo tiene todo.

No te conformes con lo que tienes, ve a por más. Ambición.

He aquí el lema de nuestra querida Ash. Y le iba como anillo al dedo, pensaba siempre que lo escuchaba.
Vivía en una de las urbanizaciones más lujosas de Londres. Tenía una casa enorme domótica, una familia feliz y amigos geniales. Aunque no nos podemos olvidar de que ella era perfecta.
Busca en el diccionario, en la definición de perfección saldrá su foto al lado.
Tenía un cuerpo envidiable, una cara preciosa, era inteligente y culta. Después de las clases hacía como unas mil actividades extraescolares, tenía un curriculum de estudiante perfecto, ¿cómo no?
Estaba rodeada de gente como ella, gente que aspiraba a lo más alto, que tenían un futuro asegurado en la clase alta.
Armani, D&G, DKNY, Carolina Herrera, Ralph Lauren, Tommy Hilfiger y Roxy, en eso se basaba su vida, y su armario.
Era recatada y educada, nunca había tenido novio a sus diecisiete años, para eso no tenía prisa.
Odiaba a la gente de los barrios conflictivos de Londres, no podía verles, solía decir que eran escoria humana y que si estuviera en su mano, les hacía un lavado de cerebro a todos, para ver si así dejaban de existir y se convertían en personas normales.

Pero no todos decimos lo que pensamos, a veces, les tenía envidia por ser libres de hacer lo que quisieran.
A veces, soñaba con convertirse en uno de ellos por un día y hacer lo que le viniese en gana.