- Esque es bastante difícil de describir.
- No importa, inténtalo. Tengo curiosidad por saberlo.
- Pues... Cuando alguien me gusta de verdad y estoy con él... Las piernas me tiemblan, poquito, pero lo hacen. El vello se me pone de punta, como si un rayo chocara contra mi espina dorsal y me nublara todos los sentidos. Al besarle... lo que siento es indescriptible. El brillo de mis ojos es brutal, se me encienden como faros y parecen preciosos. Con sus caricias me hago grande, me encantan. También me entran ganas de llevármelo, a un sitio único, y hacerle el amor y...
- Vale, vale. Está bien.
- ¿Qué te pasa?
- Nunca he sentido nada parecido, es más, cuando beso a alguien no siento absolutamente nada. Si me lo llevo a un sitio único es, sencillamente, para follar y, en realidad, a los chicos que les hago eso ni me gustan. Quizá mi corazón es de escarcha y nadie será capaz de derretirlo jamás. O peor, a lo mejor es de cemento puro.
- Sí, es de hielo, no de cemento puro como tú dices. Y no, verás como alguien llega un día, sin previo aviso, y con sólo un suave toquecito consigue derretirlo, para siempre.
autocríticaparaunaservidora.


